MALENA GRACIOSI: Diseñadora de sonidos

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MALENA GRACIOSI: Diseñadora de sonidos y compositora de música original para universos ficcionales

Malena Graciosi

Malena Graciosi – sonidoescenico.com

Nací en Buenos Aires en 1978, en el seno de una familia teatral en estrecho y continuo contacto con figuras del teatro argentino como Roberto Tito Cossa, Carlos Gorostiza, y el Teatro del Pueblo - SOMI.

Como la mayoría de lxs hijxs de actrices, actores y teatristas, mi infancia transcurrió entre bambalinas de distintos teatros. Mientras mis padres participaban de ensayos y reuniones, los lugares de juego eran las plateas, los depósitos de escenografía y las cabinas de luz y sonido.

La música me atrajo desde chica, mi hermano mayor tocaba el piano y desarmaba por gusto parlantes y equipos de sonido. Así, rompiendo cosas, dimos nuestros primeros pasos en la microelectrónica del audio y la iluminación sin saber que luego él se convertiría en técnico y diseñador de iluminación y yo de sonido.

En 1991 hubo un espectáculo, “Angelito” de Roberto Tito Cossa, en Teatro de la Campana, en el que Jorge Valcarcel, un prolífico músico escénico de Argentina compuso la música original, un proceso que tuve oportunidad de presenciar. El espectáculo tenía muchas canciones y me resultaba mágico oír a Jorge improvisar melodías mientras Tito Cossa barajaba letras y las canciones cobraban vida. A partir de ese momento mi admiración por Jorge fue creciente, en cada situación en la que él sacaba su guitarra, yo trataba de estar lo más cerca posible. Así, metiéndome de contrabando en infinidad de ensayos, de decenas de espectáculos, aprendí este oficio… escuchando.

Cuando cumplí 15 años le dije a Valcarcel que quería aprender a tocar el saxofón y me recomendó a Marcelo Moguilevky un músico excepcional que en ese momento estaba comenzando a ensayar una obra en el teatro San Martín en la cual trabajaba también mi papá: “Viejos Conocidos” (Roberto Cossa 1994). En esa puesta, Moguilevsky tocaba el clarinete y Luis Reales el piano, las músicas originales y arreglos de Jorge Valcarcel, un equipo de lujo. Ese fue el momento más lúcido que recuerdo haber pensado “quiero hacer eso”. Escuchar esa música en la sala Casacuberta, con las voces de los actores dando vida a las palabras de Tito, le daba sentido a la idea de “embriaguez” que se le alude a la música, me resultaba hipnótico. Fui a tantas funciones de ese espectáculo como pude y comencé a estudiar música y vientos con Moguilevsky.

Cuando terminé el secundario y también por recomendación de Valcarcel me inscribí en la escuela de música del SADeM, donde estudiaba también su hija Carolina, una destacada cantante con quien todavía mantengo cierto contacto remoto.

Años más tarde, en 2002, debuté en la composición de música original en una puesta de “Relojero” de Armando Discépolo, dirigida por mi papá Jorge Graciosi. Este trabajo fue el puntapié inicial de una numerosa serie de espectáculos en los que tuve la libertad de trabajar distintas técnicas y procedimientos de la mano de figuras importantísimas del teatro argentino.

En 2007 fallece prematuramente Valcarcel, y junto con su asistente de ese entonces, Alfredo Seoane, concluimos la grabación de las partituras originales de “La novia de los forasteros”, un espectáculo con dirección de Rubens Correa que estaba próximo a estrenar y había quedado con su música inconclusa. Para esa puesta grabé muchas líneas de vientos para una escena de fanfarria y títeres de la compañía de Adelaida Mangani. Oír esa música en el estreno fue tremendo, un duelo inmenso, tomar una posta que me quedaba grande, despedir a un maestro.

Ya en 2009 me convocan para trabajar en una nueva puesta de “Angelito”, en la cual participaba Tito Cossa y parte del elenco original. Nos invitan a Mariano Cossa, músico y también otrora discípulo de Valcarcel, y a mí para hacernos cargo de la parte musical, y nosotros decidimos sumar también a Alfredo Seoane. Fue un momento muy intenso y conmovedor reencontrarnos con las cajas de partituras de nuestro maestro, dimos con cintas en las que se oía su voz y su guitarra, fue realmente un momento mágico reencontrarnos todos en nuestro oficio, con el aura de Valcarcel presente.

La muerte de Valcarcel, sumada a que había sido distinguida con premios a mi labor, me llevó a tener cierta crisis con la disciplina, en la que sentía que no tenía la formación suficiente y decidí cursar la Licenciatura de Artes de UBA.

Allí descubrí con mucha sorpresa que en materia de artes escénicas había muchos textos de puesta en escena, actuación, escenografía y vestuario, en menor medida algo de iluminación, objetos y maquillaje, pero no había libros, ni apuntes, ni reseñas de la música en el ámbito de un escenario teatral, a pesar de ser una disciplina y oficio que existe desde el teatro griego a hoy.

En esa época recibí mucho apoyo e incentivo a investigar y reseñar mi oficio por parte de la Dra. Laura Mogliani (en ese entonces docente de Introducción al Teatro, hoy Directora de INET- Instituto Nacional de Estudios de Teatro) y también del inolvidable Osvaldo Pelletieri, fundador de GETEA (Grupo de Estudios de Teatro Iberoamericano y Argentino) quien me comprometió con seriedad a documentar mi oficio.

Ese paso por la universidad me dio las herramientas para sistematizar las prácticas y procedimientos que llevamos adelante lxs musicxs escénicxs, un rubro quizás no muy destacado del teatro, pero con una presencia muy marcada e innegable en toda expresión escénica de nuestro país y el mundo.

Los materiales de esa investigación personal fueron paulatinamente tomando forma de sitio web: sonidoescenico.com y participando de Foros y Congresos especializados en UBA y UP (Universidad de Palermo) que le fueron dando visibilidad y aval académico a mi trabajo.

Los materiales más relevantes de ese sitio hoy tienen forma de libro digital publicado en 2021 como “Sonido Escénico. Universos sonoros de las artes escénicas y performáticas”, y los dicto en forma de curso cuatrimestral en CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación TEatral) a través de su plataforma a distancia, que me permite estar en contacto con hacedores de música escénicas de Argentina, Latinoamérica y España.

Considero 2021 un año clave para mi disciplina, he logrado publicar mi libro en formato digital, obtener una beca del INET para documentar la historia de la música escénica en nuestro país, y también he tenido el honor de participar junto a colegas de gran trayectoria y prestigio en la creación del colectivo MUX (músicxs escénicxs) que atiende las problemáticas del sector e intenta poner en valor y darle visibilidad a nuestro milenario oficio.