Ensayo: “Artes Escenicas, una mirada al futuro de nuestra actividad profesional”

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Ensayo: “Artes Escenicas, una mirada al futuro de nuestra actividad profesional”

Mg. Patricia Julia García.

Instituto de Investigaciones en Artes Escénicas – (IIAE). Catedra Practica de la actuación II. Licenciatura en Teatro. FADUNT.

patga18@gmail.com

@webmail.unt.edu.ar

Una mirada al Futuro, el futuro de nuestra actividad. ¿Qué está pasando con el teatro ahora? que pasara con las artes escénicas ante los cambios y avatares en estos tiempos distópicos.

La actividad siempre ha estado sujeta a múltiples problemáticas políticas, económicas, territoriales, sociales y actualmente se ha sumado y condicionado de manera exorbitante, insólita, y desbordante la dimensión sanitaria. Nos ha puesto ante un panorama desconocido, inusitado, se resquebrajan las instituciones bajo una mirada política miope; todo sucede a la distancia.

En muy poco tiempo hemos pasado por mucho, algunos compañeras y compañeros han partido, algunos cercanos han sufrido duras y dolorosas pérdidas, en algunos casos muy cercanas en el ámbito familiar, y en otros casos hemos sufrido pérdidas de colegas, que forman parte de lo que yo siempre doy en llamar: nuestra familia teatral, amigas y amigos, compañeres que ya no estarán. En esta dura encrucijada nos coloca la pandemia, y la pregunta se potencia, se re-significa: ¿Cómo se manifiesta la supervivencia teatral?

¿Cuales son los desafíos de las artes escénica que asoman ante nosotros?

Me parece importante recordar que muchas de las problemáticas vinculadas a las artes escénicas existían aun antes de esta pandemia, brevemente se hace necesario referenciarlas: observamos a un sector inestable y precario, siendo la precariedad de las artes escénicas una problemática nacional y transnacional, problemáticas que vienen de lejos y hace tiempo.

Las artes escénicas es un sector que venía ya dañado antes de la pandemia, y que luego de este prolongado párate, necesariamente debe reflexionar sobre sus efectos, para re-pensarse en esta nueva realidad, adecuarse, transformase, habitar estos tiempos crueles.

Es bueno detenernos un segundo para recordar, que se trata de un sector afectado especialmente por la precariedad laboral de sus hacedores, de sus creadores, de sus trabajadores en sus múltiples funciones: actores, directores, técnicos, dramaturgos, escenógrafos, gestores, etc.; que enfrentan su quehacer con escasos beneficios laborales, una casi inexistente legislación que resguarde la actividad, insuficientes leyes que contemplen sus múltiples necesidades, como lo es por ejemplo: la problemática de la intermitencia laboral, la escasa o nula asistencia social, la falta de regulación previsional, etc. y con el agravante de que en pandemia este estado de carencias emergió, visiblemente expuesto y acentuado por el párate forzado.

decir en términos teatrales que “las circunstancias dadas” eran y son de notoria gravedad, siendo necesario pensar, analizar la informalidad del sector, entras tantas dificultades y carencias pendientes.

Estos aspectos profesionales de nuestra practica escénica, también se expanden y abarcan otros grandes temas que se caracterizan por el menoscabo de cuestiones tanto y por cuanto más importantes, como lo son “la brecha de género”, algo que venía siendo visibilizado por las colectivas feministas antes de la pandemia, proceso que en cierta forma fue interrumpido y urge retomar, con la contundencia necesaria. Los temas de genero son múltiples y van de problemáticas graves de violencia, como la escasa participación en órganos ejecutivos y de decisión a nivel nacional, provincial o municipal. La desigualdad de oportunidades es moneda corriente.

Otra situación de menoscabo que debemos incluir es la doble brecha de etnia, presente en todo nuestro territorio nacional: como lo es la situación de la comunidad andina en el norte de argentina o los pueblos originarios de nuestra Patagonia. Estos temas son una deuda pendiente, una problemática que muy prontamente debemos encarar con seriedad: “La cultura y el teatro particularmente, deben colaborar en la equiparación e inclusión real desde lo territorial, deuda ancestral en nuestra sociedad.

Y no quiero dejar de señalar otra brecha, muy presente en estos tiempos, vinculada con el acceso a los bienes culturales, menoscabados por las desigualdades que aún existen en nuestro país. Reflexionemos puntalmente sobre la virtualidad, que fue la vedette de la pandemia…

Me pregunto, ¿tenemos todos y todas, acceso a la virtualidad, o esta reservada para unos cuantos, unos escasos privilegiados…?

¿Hay un acceso real a lo virtual? ¿Tenemos internet en nuestra comunidad o no hay conexión, o esta es intermitente? O bien me es inaccesible porque no tengo los conocimientos necesarios, o no tengo los medios económicos para acceder a esa virtualidad…

En ese marco hay que recordar que lo virtual llego para quedarse, y nos presenta una brecha a saldar. Cual es nuestra real situacion en el pais, las divergencias sin dudas son enormes: hacen falta capacitaciones, herramientas digitales, se abre un nuevo horizonte de búsquedas estéticas y técnicas que las artes escénicas que deberán indagar, explorar, apropiarse y asimilar.

Las redes digitales y las diferentes plataformas han cambiado la forma en que los artistas se relacionan con sus audiencias. Ahora es mucho más directa e instantánea. En pandemia y con la virtualidad hemos visto como se reducían las barreras de tiempo y espacio, pudiendo llegar a audiencias lejanas con nuevos y más contenidos que fueron desarrollados en tiempo record como gesto de supervivencia, ejemplo de ello, son los podcast, el radio-teatro, el teatro en radio, las capsulas, el streaming, los visionados perfomáticos, ect.

Así que, entre la esperanza y la agonía, va uno que otro vaticinio: la industria indudablemente florecerá en los medios audiovisuales y cuando todo por fin, acabe, el público volverá a anhelar el encuentro con el artista en vivo; los actores de teatro sobrevivirán con la prepotencia del trabajo escénico y también vivirán de los medios audiovisuales; nuestras unidades de producción tendrán que ser pequeñas y absolutamente solidarias y transversales en el teatro independiente; sin duda habrá público que anhele volver al teatro como se está viendo en los espacios que ya han abierto sus puertas, de acuerdo a protocolo; el teatro hibridará más su lenguaje con lo audiovisiual y acaso alguna de esas posibilidades encontrará las técnicas y poéticas depuradas que le den autonomía a un nuevo lenguaje, pero jamás anulará la matriz que le dio origen. Mucho tendrá que cambiar, pero la sacralización de un espacio, el encuentro de inteligencias, emociones y cuerpos, la fe en un hacer transitorio, el ensayo como metáfora del viaje que es un fin en sí mismo más allá del resultado, la esencia misma del ritual milenario sobrevivirá.

Todo esto sin adentrarnos en la discusión de la presencialidad como condición fundante de la escena, “el convivio” según Jorge Dubatti, y que hoy está fuertemente condicionado por los protocolos de muy diferentes maneras. Un tema que, desde otros ángulos, necesariamente el artista investigador está abordando y hará sus contribuciones, todo en simultaneo urgentemente debe ser abordado.

El teatro, en este sentido, como todo aquello que nos recuerda las razones profundas de la aventura colectiva en este tránsito y en esta hora y en este paisaje, sobrevivirá porque es necesario. El navegante profundo no se pregunta sobre el puerto de llegada, en el hacer está su finalidad. “Solo lo inútil tiene sentido”, nos recuerda Chéjov. La escena hace magia y embrujos, y también engendra visionarios; hacerle al adivino es contradecir su ser primordial: arte de la presencia y encuentro de personas en tiempo presente. Pero aquí nos convoca el futuro en una reflexión colectiva que al invocar esa palabra tan teatral, nos pide aventurarnos en breve hacia adelante.

Eso nuevo que apareció, ¿esas nuevas formas de la escena, que salieron como respuesta al confinamiento y como gesto de supervivencia de los hacedores, como continua? Y ahora que volvemos a esta “nueva normalidad” como seguimos?

Dejamos atrás, poco a poco, gradualmente, con protocolos mediante, una pandemia global que no olvidaremos. Atentos y conscientes de que después de la letra griega Delta puede venir la épsilon… Cuales cuidados son y serán necesarios, no solo para nuestro público, sino también para nuestros hacedores escénicos, que teatro habitaremos pos-pandemia, ¿estamos seguros? ¿cambio algo?

En la tan ansiada normalidad o nueva normalidad, ¿como encarar lo que está por venir? ¿Cómo gestionar nuestra profesión y a nuestra audiencia, nuestro público, a partir de ahora?

La primera cosa que se me ocurre que sería dable hacer, es un recuento de daños. Como si luego del temporal, luego del huracán, salimos a la puerta de casa y necesitamos tener una idea de lo que de lo que pasado, de lo hemos perdido, de lo que ha sido dañado. ¿Cuantos quedaron en el camino?, ¿Que se salvó?, ¿En qué condiciones esta lo salvado? ¿Cuáles son las diferentes realidades en los diferentes territorios?

¿Cómo podemos hacer el recuento de daños? Para obtener indicios de los porqués, para validar o refutar las hipótesis razonadas que nos podemos hacer, tendremos que preguntar directamente a los hacedores, a los grupos, a las salas, a los gestores, a nuestro público, a nuestras asociaciones intermedias, a las instituciones, sindicatos, institutos de investigación; urge hacer encuestas, consultas, para validar o refutar las hipótesis razonadas, para construir esas miradas al futuro de la actividad. Porque para buscar soluciones, para idear las estrategias, contenidos y programaciones, también necesitaremos algún indicio de los porqués. ¿Qué segmentos han sido los ausentes en este más de año y medio? ¿Gente mayor? ¿Públicos más lejanos? ¿Segmentos cualitativos específicos? ¿Cómo atraemos a los menos fieles? ¿Qué sucede con los más jóvenes y la comodidad del sillón de casa? ¿Los tendremos que ir a buscar? ¿Cómo hacer para que en “estas circunstancias dadas” acercarlos, compartirles nuestro arte? Habrá que cambiar nuestras formas y contenidos y encontrar nuevos modelos de prueba? ¿Qué factores han pesado más para cada segmento, las pérdidas humanas, el virus en sí, las restricciones, el impacto emocional de la pandemia, la incertidumbre económica, la crisis, todas ellas juntas, la situación era complicada y ahora como y que deberíamos recalcular?

También podemos no hacernos estas preguntas, gestionar rápidamente la próxima temporada como siempre, como obviando este tiempo pandémico, obviamente con todas las ganas para pasar a la acción de habitar y construir escena y el deseo de volver a una cierta normalidad que seguro nos empuja como primera fuerza e impulso.

Pero, si la situación de la escena era mala y precaria antes de la pandemia, que nos deparará la falta de reflexión y análisis de las problemáticas abordadas, la pandemia es difícil de obviar.

Es difícil saber en qué grado o de qué manera, nos ha afectado, pasara un tiempo para poder ver sus implicancias…pero no hay duda de que lo vivido ha dejado impacto en la forma en que nos relacionamos entre nosotros, no hay duda que la pandemia ha dejado impacto en nuestros patrones de conducta, de consumo y de cómo creamos y gestionamos nuestro arte.

La aceleración de la digitalización, la explosión de la virtualidad, la reordenación del tiempo, el teletrabajo y, a la vez, una mayor conciencia de la fragilidad del mundo en el que vivimos, un redescubrimiento de la proximidad y el aislamiento, el re-encuentro, son palancas de un cambio social profundo. Todo lo vivido tendrá un impacto contundente en el rol de la cultura en nuestras sociedades.

El impacto en la sociedad y la cultura es, lógicamente, enorme. ¿La situación sanitaria ha implicado una nueva dimensión en muchos aspectos y amplificado exponencialmente lo digital en nuestro mundo presencial y ahora en un futuro próximo…cómo será? ¿Habrá escena de formato mixto?, Nuestra practica escdnica se vera modificada por lo digital? La forma en que creamos, producimos y difundimos contenidos; nuestros medios de producción, así como la forma en que nos relacionamos a través de ellos. Todo se ha modificado. El teatro, obviamente, no es ni será ajeno a esta revolución.

Los cambios que vendrán para las artes escénicas, serán contundentes, pero no serán inmediatos. Los grandes cambios sociales son de difícil observación en tiempo real, son difíciles de predecir. No nos quedará otra que indagar y gestionar guiados y ayudados con el método científico, desde la hipótesis argumentada, el test y la validación o refutación de datos.

Podremos gestionar la incertidumbre tomando decisiones basadas en la recolección de datos. El reto en el teatro no es nuevo, la pandemia simplemente lo ha acelerado. Aspiramos ayer y hoy a despertar interés y disfrutar de un bien muy preciado con nuestros públicos: el tiempo, la atención y el disfrute.

En definitiva, estamos en lo que podría ser un momento ideal para reflexionar, con grandes incertidumbres y desafíos en un mundo que será más nuevo incluso de lo que parece ser. Encarémoslo-sabiendo de donde partimos. Gestionemos la incertidumbre en base al ensayo y puesta en marcha de una correcta evaluación, de manera cooperativa, aunando esfuerzos desde todos los ángulos.

Aplicar la lógica de los procesos colaborativos, armar equipos, hacer un frente común para salir adelante, refundarnos y solidariamente iluminarnos para buscar respuestas y que así las artes escénicas generen los anticuerpos necesarios para, mantener nuestro ecosistema y gozar de buena salud, porque de las grandes crisis surge lo mejor.

Bibliografía

DUBATTI, Jorge (2019) “Teatro y territorialidad. Perspectivas de Filosofía del Teatro y Teatro Comparado”. Barcelona, Gedisa. Capítulo VI.

MEDINA, Marco (2017) “Modelos de gestión teatral: casos y experiencias 1/”. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Editorial Inteatro, (Colección Estudios teatrales). Cap. 2.

https://issuu.com/sclaberintomilenio/docs/lab-900 25/10/2021