La categoría estética de lo interesante en el arte contemporáneo

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La categoría estética de lo interesante en el arte contemporáneo

María Victoria Maciel*,

Tucumán.

mariavictoria.maciel10@gmail.com

Trabajo Final en el marco de la Acreditación/Aprobación (mínimo sesenta puntos) con principio de Promocionalidad. Cátedra: Teoría General del Arte. LAV.

Departamento Artes Visuales. Facultad de Artes. U.N.T.

La sociedad contemporánea occidental se ve fuertemente dominada y regimentada por el sistema capitalista; régimen que mueve masas de sujetos desde el plano económico, pero también se proyecta al área social. El arte está inserto en un campo macro y por ello innegablemente todos los fenómenos que se producen allí, terminan influyendo tanto en las producciones como los diferentes niveles de distribución y consumo de arte. En un mundo en el que los límites tienden constantemente a desaparecer, se produce una des-definición del arte que lleva por consiguiente a plantearnos una nueva función y alcance de este.

Este ensayo busca indagar acerca de la categoría estética de lo “interesante” en el campo del arte desde una mirada contemporánea cuestionando e investigando principalmente en los intereses colectivos.

¿Qué es lo interesante?

A la hora de hablar sobre lo interesante como categoría de arte es importante tener en claro a qué nos referimos. En la actualidad el público espectador de arte tiende a calificar determinadas producciones artísticas como interesantes. Esta noción surge casi de forma inmediata, pero… ¿alguna vez nos cuestionamos a qué nos referimos realmente cuando decimos esto? Etimológicamente la palabra “interesante” proviene del latín “Interesse” que quiere decir importar. Entonces podemos decir que es aquello que nos importa, es algo que nos llama la atención.

Gerard Vilar nos dice que lo interesante es el primer eslabón de la capacidad de juicio estético que todos ejercemos. Podría referirse a eso que, lejos de seducirnos desde la belleza estética, presenta algo indefinido que logra conquistarnos y nos lleva a querer indagar más al respecto. Nos cuestiona, nos plantea dudas, nos saca del estado anestésico del que nos habla Elena Oliveras, en el cual la rutina nos adormece volviéndonos neutrales e indiferentes ante fenómenos sociales y es entonces cuando debemos recurrir al museo o a espacios donde el arte nos ayude y sea el medio para poder recuperar nuestra perceptibilidad. Lo interesante nos sacude y nos despierta.

Immanuel Kant en su “Crítica del Juicio” postula que el interés siempre está relacionado con la facultad del deseo y en base a esta afirmación creo que es importante recalcar la diferencia que existe. Siguiendo con la línea de pensamiento de Roland Barthes dentro del deseo existe una diferencia entre placer y goce. En el primero hay un disfrute total, una apropiación de algo y por otro lado el goce refiere más bien a un placer pero con afecto, que nos modifica, nos interpela. Aristóteles dice que el goce es la fascinación o el gusto por una cosa fea, desagradable.

Dicho esto, podríamos relacionar la categoría de lo interesante con el deseo visto desde el goce y en esta instancia podemos sostener entonces que el arte contemporáneo va a hablarnos y cuestionarse sobre temas que pueden generar en el espectador una sensación de desagrado; el arte actual puede no gustar, puede producirnos sentimientos negativos como asco, desprecio, enojo y todo ello es válido.

Pero si hasta hace unos siglos el arte buscaba e intentaba representar lo bello relacionado con la proporción y el equilibrio, ¿por qué hoy se institucionaliza lo que puede llegar a ser interesante desplazando del centro la belleza? Cuando históricamente la función del arte fue comunicar, hoy nos encontramos en un punto en el cual los límites se desdibujan dejándonos en una constante e insaciable búsqueda de sentidos y a veces pareciera que el mismo arte es quien sacude esos cimientos poniendo en duda su propia existencia. Es innegable que con el paso del tiempo, el progreso y los avances tecnológicos que se fueron llevando a cabo en los últimos siglos, el arte como un lenguaje a través del cual se comunica fue también teniendo que adaptarse a la sociedad y todo su contexto epocal para así poder sobrevivir. Hoy el espectador ya no busca lo bello, lo armonioso, proporcionado y equilibrado, sino más bien aquello que rompa, que nos haga ruido y nos invite a salir de la rutina cotidiana. El público busca en el arte un pasaje a lo trascendental dejando atrás su vida diaria, o un simple momento de pausa. Y es en este punto donde aparece esta categoría porque aquello que nos resulta interesante tiene la capacidad de transportarnos a ese lugar desconocido.

Elena Olivera nos habla del arte de hoy y su deber frente a una sociedad que puede presentar dificultades a la hora de tomar contacto con la obra. Frente a la diversificación de públicos que tenemos en la actualidad, la institución arte a través de museos y productores debe plantearse como desafío la tarea de poder llegar a aquellos sujetos no adentrados en conocimientos culturales que muchas veces son necesarios para enriquecer la obra. El arte buscará integrar y seducir al receptor de manera que este pueda ser parte activa en el universo artístico. Ahora bien, ¿A todos nos interesa lo mismo? Frente a esta pregunta, está más que claro que la respuesta será un rotundo no, y sin dudas esto se debe a que más allá de que exista una popularización y globalización del consumo, podemos encontrar otras alternativas individuales vinculadas a diferentes segmentos sociales económicamente hablando, respecto a la franja etaria, cultural, inclusive según la doctrina familiar impuesta, que llevan un determinado ritmo de vida acorde a una serie de patrones y conductas propios de ese grupo social. Pero haciendo foco en aquel sector que sigue al pie de la letra lo normatizado e impuesto por el mercado, esas masividades que responden positivamente y asumen y acatan todo lo establecido presentaran el mismo nivel de interés por aquello que el mercado les ofrezca como tendencia.

Estamos en la era del consumo y como ya mencioné el arte debe mutar y adaptarse al mundo y es por esto que cuando hablamos de arte contemporáneo, el mercado juega un rol fundamental. El artista buscará aquello que pueda generar polémica para así lograr vender como es el ejemplo de la serie conocida mundialmente de “Merda d’artista” de Piero Manzoni la cual no es ni más ni menos que una crítica al consumismo y a la hipocresía de todos aquellos que conforman el círculo del arte

En esta pérdida de centro propia de la modernidad en la cual se deconstruyen todos los conceptos y comienzan a fusionarse los campos micro, la noción de la hibridación en el arte contemporáneo toma un papel importante y de repente es normal encontrarnos con obras de arte que se combinen con el diseño, la arquitectura, gastronomía e incluso hasta entra en el juego la ciencia con trabajos como los del artista argentino Víctor Grippo en los cuales el museo se convierte en un laboratorio científico pero con una fuerte carga significativa. Comienza un proceso de retroalimentación, el arte sale del museo y podemos encontrarnos con una performance por las peatonales del centro tucumano o de repente en una marcha del #8M, también en la inauguración de una concesionaria de autos y hasta en las redes sociales y en todas aquellas áreas aparece como una especie de mediador el mercado.

En esa diversidad que existe dentro del público de arte, la producción artística contemporánea encuentra un punto a favor y es que existirá un “final abierto” en que cada sujeto que contempla puede encontrar un punto nuevo y así enriquecer la obra sin anular ningún sentido, cada mirada es válidas porque los sujetos vuelcan en el arte sus experiencias, conocimientos, recuerdos, deseos y también inquietudes y se crea un dialogo entre la obra y el espectador en el que ella pregunta y va recibiendo diferentes posibles respuestas como persona la experimente.

En este sentido encuentro un punto en común entre el filósofo danés Kierkegaard y Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano estructuralista cuando plantean como característica del arte de hoy (un arte “interesante”) este juego con las posibilidades, el ida y vuelta entre la obra y el espectador, poder recorrer los diferentes sentidos y significados sin necesidad de tener que decidirnos por uno, porque ¿existe realmente un único significado en el arte contemporáneo? Y quizás sea eso lo interesante, en una sociedad en la que todo tiembla, cambia y se producen derrumbes y nuevas construcciones en un instante, el arte no se ata a nada y el púbico puede jugar a ser y no ser.

A modo de síntesis, el arte ya no busca gustar sino más bien interrogar, llevarnos a querer saber qué hay más allá, ya no interesa la anatomía perfecta ni el claroscuro hiperrealista, tampoco nos importa qué es lo que está bien, no queremos un arte ético ni utópico. Queremos encontrar una pausa, una invitación a despojarnos y despejarnos, a perdernos y encontrarnos entre los ruidos y luces enceguecedoras de la ciudad.

En palabras de Elena Oliveras: "(...)Ya no se trata de educar al oído no refinado para que escuche música, sino de devolverle la capacidad de oír. Ya no se trata de entrenar al ojo para la contemplación de la belleza, sino de restaurar la "perceptibilidad"(...), (...) La eficacia del arte para la restauración de la perceptibilidad es innegable. El arte es el lugar más adecuado para activar una mirada anestesiada y ejercitar una mirada lúcida del mundo.(...)"

En el arte contemporáneo, aquello que nos resulte interesante, que tenga el poder de conquistarnos, será lo que nos abra el portal para poder conocer qué hay más allá de la materialidad de la obra que no es poca cosa.Todo hace al arte, todo aporta y enriquece la obra. Lo que consideremos interesante es en realidad una construcción social en la que todos y todas somos parte activa cumpliendo diferentes roles como productores y gestores, consumidores o espectadores, lo cual debemos gestionar de manera responsable siendo conscientes de su importancia y relevancia.

Bibliografía

• Apuntes de clase, Cátedra Teoría General del Arte, Prof. Juárez, Norma A., Facultad de Artes UNT. año 2020.

• Eco, Umberto: La definición de Arte. Barcelona, Ed Martínez Roca S.A., año 1970.

• Figueroa, Jorge: Arte contemporáneo de marcos y marcas. San Miguel de Tucumán, EDUNT, año 2018.

• García Canclini, Néstor: La sociedad sin relato, Antropología y Estética de la inminencia. México, Ed. Katz, año 2010.

• Oliveras, Elena: Cuestiones de Arte Contemporáneo. Hacia un nuevo espectador del siglo XXI. Bs As, Argentina, Ed. Emecé, año 2008.

• Vilar, Gerard: El desorden estético. Barcelona, Ed. Idea Books, año 2000.

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María Victoria Maciel: Alumna avanzada de la carrera Licenciatura en Artes Visuales. Tutor Estudiantil LAV/LAP. Facultad de Artes Universidad Nacional de Tucumán. Argentina.