Víctor Quiroga en la cultura popular

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Víctor Quiroga en la cultura popular

Dra Silvia L. Agüero

S. M. Tucumán

silvia.marat2000@gmail.com

Facultad de Artes Universidad Nacional de Tucumán.

Nunca pensé que escribiría tan rápido sobre el artista, habíamos quedado apenas unos pocos días antes en el taller del marquero donde nos encontramos, que escribiría el catálogo de su próxima muestra. Sería un honor me dijo……. no, el honor sería mío Tito….. Hablamos de su pintura y la impresión que me había ocasionado descubrir allí mismo al Gallero Vicente, obra que forma parte de su magnífica serie sobre el maestro holandés, luego nos despedimos. No nos besamos, como hubiera sido natural en otro momento, solo un toque de puños, yo llevando el catálogo que acababa de regalarme y él recogiendo la pintura de un paisaje con un cielo crepuscular tan bello como perturbador. Una pintura en la que el protagonismo del paisaje y una inquietante espacialidad contienen la pequeña imagen de un trabajador de la tierra. Las nubes rojas naranjas y rosadas que emergen del azul violáceo proyectan una sensación de espiritualidad. No sabemos si es el sol, que va camino a la muerte y de lo desconocido o bien, si de esa muerte nace la vida. Hoy recuerdo esa imagen y pienso que fue como un presagio. Nos sorprendió su muerte apenas unos días después.

En la obra de Víctor Quiroga la imaginación y la realidad construyen el universo simbólico de una producción plástica que está fuertemente marcada por el lugar de enunciación. La localidad, el territorio, la memoria, la patria, la recuperación de los orígenes, conforman el auténtico sustrato de su discurso artístico; soy un narrador de historias telúricas sobre todo tucumanas…dice el artista. Y es que Víctor por encima de los modismos, estilos y argumentos teóricos que rápido cambian con el tiempo, optó por reflejar las imágenes de un mundo real, periférico y marginal que en nuestro país todos reconocen, un mundo donde abundan historias cotidianas, escenas intimas, fiestas populares, zafreros, o actos fantásticos resueltos en tono realista y recogidos de narraciones ancestrales o de la imaginación de los pueblos y culturas del noroeste argentino. Estos temas atraparon su interés de manera continua y por largo tiempo.

Saldré a pasear por el mundo, pero ya no me muevo de Tucumán… Víctor Quiroga que había nacido en Villa Alem, uno de los barrios populares más antiguos de San Miguel de Tucumán en el seno de una familia humilde y trabajadora, viajó por el mundo. Inició sus estudios en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán con maestros como Sixto Aurelio Salas, Ezequiel Linares, Roberto Fernández Larrinaga y continuó pintando como como autodidacta. Comprendió en ese proceso que quería ser pintor y vivir de la pintura. Se interesó por la fotografía, a tal punto que la práctica fotográfica lo acompaño toda su vida formando parte de su modo de trabajo. Durante algunos años incursionó en la fotografía de Ballet en el Teatro San Martín de Tucumán, un tipo de actividad enfocada a captar la inmediatez del movimiento y el cuerpo. Lo recuerdo vendiendo y finalmente regalando aquel maravilloso trabajo para juntar dinero para su primer viaje a Europa. Tras su primera beca parte a estudiar a Italia y luego de obtener otra beca, trabajó y vivió en París casi nueve años. Francia es un país donde un pintor tiene un reconocido estatuto. Recorrió numerosos países de Europa, viajó a Estados Unidos haciéndose acreedor en esos años de intenso trabajo, de importantes premios y reconocimiento de sus pares. De aquellos viajes en los que conoció museos, galerías y artistas de todos los tiempos, confirmó la idea de que la pintura posee una relación muy estrecha con los avatares de la vida. En Europa Quiroga se reafirmó como un pintor latinoamericano con una obra de clara resonancia literaria aspectos que ya no abandonará.

En Argentina su recorrido fue igualmente significativo y sostenido, alcanzando gran reconocimiento de los artistas y de la crítica nacional. Instalado definitivamente en Tucumán mantuvo varios años talleres en París o San Telmo en Buenos Aires. Pero fue Villa Alem su lugar en el mundo y la fuente de su permanente inspiración, el espacio que activó la memoria y que transformó en arte la precaria casa de madera que sus padres tenían en el fondo de la casa de su abuela, allí donde aprendió a dibujar o a cocinar cuando su madre trabajaba, o cuando el mate cocido era el alimento del día. Esas frágiles casas donde la vida sigue su curso con esperanzas, frustraciones, alegrías y dolores, serán recurrentes en su pintura. Villa Alem el barrio de su niñez seguirá presente pero ahora con otros niños, con nuevos personajes, con historias que a su vez lo trasladan a lugares y costumbres de la vida y la cultura tucumana. La gente en las calles, los animales sueltos, perros y gallinas, niños jugando, interiores con piso de tierra donde las fantasías eróticas también tienen lugar y la pobreza no cede. El campo, el trabajo, los cañeros y la zafra tan propia de nuestra cultura azucarera son temas que surgen de la realidad y a través de los cuales, el artista nos involucra en las complejas estructuras sociales locales. Los paisanos del campo le transmiten sus historias maravillosas, el perro familiar, la leyenda del cardón, la mulánima, magos, duendes guardianes y diablos traen a nuestro presente los ecos de la tierra y las narraciones populares del noroeste.

Sabemos que la pintura siempre ha tenido a lo largo de la historia la función mostrar, o contar visualmente aquello que representa. En ese sentido Quiroga es un realista contemporáneo cuyo entorno es la fuente inagotable de inspiración de sus creaciones. Todas las escenografías narrativas que emergen de su pintura enfatizan una carga emotiva que surge del vínculo entre la imagen y el color, un color que transmite intensidad, transformándose en una materia viva… Los colores para mí son sonidos, los veo como notas de música también….Potente, osado y temperamental ejecuta con una libertad muy personal un color que posee una fuerza psicológica intensa y de carácter expresionista frente a la representación de la realidad.

Mientras en las últimas décadas, la moda en el arte local lucía disfraces postmodernos, la obra de Víctor Quiroga alcanzó aceptación en el mercado, reconocimiento de las instituciones, de la crítica y de sus pares del orden nacional e internacional, seguramente porque frente a una buena pintura no se admiten engaños y suelen ser los pintores quienes validan la obra otros pintores.

El contexto de pluralismo estético de la plástica tucumana, con algunas innovaciones que se percibían en el ámbito de ciertas prácticas artísticas, junto a la extrema parcialidad de la escasa crítica, situaban a la estética realista en los márgenes de la historia del arte contemporáneo. Sin embargo, la obra de Víctor Quiroga siguió demostrando una vez más que ese antiguo objeto de tela sostenido por clavos sigue vigente despertando interrogantes que aún no se resuelven. Su obra puede hablar en términos realistas consciente del potencial significante del arte como lenguaje de transmisión de ideas.

Tito el artista que me despidió aquella tarde con su habitual sonrisa ha marcado una huella profunda en la cultura contemporánea argentina para convertirse en una referencia obligada del arte tucumano, por su arte, por su trayectoria plástica y por una vida personal que otorgo identidad social, política y filosófica a sus creaciones.

El artista en su taller. Foto Publicada en El Tucumano el 13 junio 2021
El artista en su taller. Foto Publicada en El Tucumano el 13 junio 2021

Dra. Silvia L. Agüero. Prof. Titular Cátedra: Historia de las Artes Plásticas III LAP/LAV. Docente Investigadora. Secretaria de Postgrado Facultad de Artes. Universidad Nacional de Tucumán. Argentina.