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La disfunción del arte

Raúl Esteban Gomez*,

Tucumán.

estebangomez4896@hotmail.com

Trabajo Final en el marco de la Acreditación/Aprobación (mínimo sesenta puntos) con principio de Promocionalidad. Cátedra: Teoría General del Arte. LAV.

Departamento Artes Visuales. Facultad de Artes. U.N.T.

Introducción

El arte, desde sus orígenes, ha respondido a una función determinada, de acuerdo a su contexto socio-histórico. Una de la más reciente es la función compensatoria, aquella que cubre una necesidad insatisfecha y de descontento en la propia existencia humana. Sin embargo, es necesario preguntarse si el arte tiene realmente que tener alguna función, y si existe tal función.

Por ello, mi tesis propone revisar la teoría funcionalista mencionada, desde diferentes autores que adhieren a ella y contrastarla con el postulado de “la razón insatisfecha del arte” desarrollada por Gerard Vilar.

Desarrollo

Preguntarse acerca de ¿Por qué tenemos arte? apunta a pensar en la existencia de una necesidad o carencia de gran relevancia que ha estado presente a lo largo de toda la historia del arte. Las teorías funcionalistas, desarrolladas a lo largo del tiempo, han respondido a esta pregunta del por qué remitiéndose al para qué, es decir, postulando y asignando una función al arte. Las hay muchas, algunas remiten a una función ética, otras al entretenimiento placentero, e incluso a una postura extrema y paradojal como entender que “la función del arte seria no tener función en un mundo funcionalista” (Vilar, 2000; 24). Una más reciente es la función compensatoria que tuvo su adhesión desde diferentes campos que abordar al arte, como ser la filosofía y el psicoanálisis.

Para ahondar en torno a esta teoría y poder revisarla, me remitiré a los filósofos alemanes Arthur Schopenhauer (1788-1860) y Odo Marquard (1928-2015), y al padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939).

Schopenhauer y Freud vieron a la existencia humana sumida en el dolor, la infelicidad, el descontento y la frustración. En tanto, Marquard hizo notar la perdida de la experiencia humana por los cambios acelerados de un mundo en crisis que generaba una inestabilidad constante. Como consecuencia, todos ellos buscaron en el arte el consuelo y la compensación necesaria.

Schopenhauer propuso que el arte tiene la función de “proporcionar conocimiento de la verdad del mundo y de la vida al tiempo que ofrece un consuelo pasajero frente al sufrimiento y el horror de la existencia” (Vilar, 2000;24). En este sentido, el arte, desde la concepción propia del Siglo XVIII, es entendido como el arte bello que proporciona el gozo a través de producciones artísticas, musicales, literarias, etc., donde predomina lo heroico, lo armónico, lo bello, un mundo ideal de felicidad y perfección que actúa como “un bálsamo sobre el alma humana permanentemente herida por una realidad fea, prosaica, injusta y dolorosa” (Vilar, 2000; 24).

Freud, por su parte, considera que las funciones del arte serian “compensar nuestra insatisfacción con el mundo y con nosotros mismos” (Vilar, 2000; 26) o “atemperar nuestro dolor por una existencia fundamentada en la represión de los instintos” (Vilar, 2000; 26). Para poder vivir y desarrollarse en sociedad, posibilitar la existencia de la familia y del grupo, fue necesario controlar y someter nuestros impulsos eróticos y taháticos (vinculados con el instinto agresivo y de muerte) a la represión. Ésta se convierte en la causa originaria de la insatisfacción y la infelicidad permanentes en los seres humanos. El arte vendría a ser uno de los tantos mecanismos que ofrecería “satisfacciones sustitutas compensadoras” (Vilar, 2000; 26) a las pulsiones eróticas y violentas a través de la contemplación y creación de producciones y fantasías artísticas.

Pero Schopenhauer como Freud coinciden en que el efecto compensatorio del arte es limitado y efímero, ya que “carece de poderío suficiente para hacernos olvidar la miseria real” (Vilar, 2000; 27). Es un consuelo solo provisional. La satisfacción definitiva es, sin duda, una ilusión.

El filósofo Marquard, con una propuesta más próxima en el tiempo (1994) también formula al arte como compensación, pero no del sufrimiento, sino de la pérdida progresiva de la experiencia humana. Esta pérdida, que puede traducirse en una falta, ha sido provocada por “los procesos de racionalización de la modernización” (Vilar, 2000; 27) que llevaron consigo a “un proceso de desencantamiento del mundo” (Vilar, 2000; 27), generando una permanente crisis del orden establecido, sumado a los fuertes cambios sociales e históricos que se dieron a una velocidad tal que provocaba mayor inestabilidad y extrañeza.

Ahora bien, como los humanos no podemos vivir sin experiencia, esa pérdida creciente debía ser compensada por la experiencia estética, a la que Marquard no entiende como una teoría compensatoria negativa, es decir, que no se manifiesta como una forma de utopía ofrecida por las producciones artísticas, sino como un salvamento de la experiencia a través del goce experiencial, que posibilita que los seres humanos nos “renovemos, adaptemos y reinstalemos permanentemente en una realidad que no podemos experimentar al modo de las sociedades premodernas” (Vilar, 2000; 28). Entendiendo esto último como el modo de vivir y experimentar ordenado y estable de una sociedad que desaparece con la modernidad y que profundiza su incertidumbre en la contemporaneidad.

A partir de estos tres autores, que postulan al arte con una función compensatoria, Gerard Vilar reflexiona: ¿Qué hay de verdad en la teoría de la compensación? y por consiguiente ¿El arte tiene realmente que tener alguna función? ¿No podría ser que el arte estuviera simplemente ahí y que pudiera cumplir cualquier función?, al tiempo que realiza varias objeciones en torno a la teoría desarrollada.

Sobre los dichos de Schopenhauer, el filósofo argumenta que en la época contemporánea (situado en el 2000 –publicación del libro-, aunque podría referirse incluso a la época actual, año 2021), las artes no tienen nada de consuelo frente al mundo. Al contrario, provocan mayor desazón, inquietud y malestar. Del mismo modo, retomando lo propuesto por Freud, considera que tampoco compensa la insatisfacción por la represión de los instintos humanos. Puede que para algunxs “el arte es el medio que les permite seguir en este mundo, soportando una existencia de otro modo insoportable” (Vilar,2000; 29), buenos ejemplos tenemos en la historia del arte, como ser el pintor post-impresionista Vincent van Gogh (1853-1890), pero no en todos los casos y no para el público en general, donde “esto está casi siempre fuera de su alcance” (Vilar, 2000; 30). Las novelas de Franz Kafka (1883-1924) o los retratos de Francis Bacón (1909-1992) no satisfacen nada, nos dice. Solo intensifica “las deformaciones del mundo y nuestra angustia” (Vilar, 2000; 30).

En cuanto a Marquard, Vilar observa una tesis sin argumentación, a saber: “que el ser humano precisa de experiencia para vivir o de un sustituto estético” (Vilar, 2000; 30) tras su pérdida. Pero, la experiencia del arte, tal como la entiende Marquard ¿no es acaso “algo históricamente contingente y de alcance relativo” (Vilar, 2000; 30) como la propia definición indefinida de los seres humanos? Sabemos que la experiencia del arte es fundamental para las sociedades democráticas y en ello coincide con Vilar, así como también que “nos transforma constantemente y nos reinstala permanentemente en un mundo en perpetuo cambio” (Vilar, 2000; 30). Él apuesta por ello, pero “quien sabe lo que vendrá” (Vilar, 2000; 31).

Entonces, ¿Para qué sirve el arte? ¿Sirve para algo? Vilar sostiene: “que algo cumpla un función no quiere decir que existe para cumplir tal función” (Vilar, 2000; 29). Pensar que las mariposas existen solo para que gocemos de ellas es tan falso como creer que solo tenemos arte para “x” o para “y”.

En relación a este punto, él desarrolla lo que dio en llamar la razón insatisfecha como arte. Su tesis propone que la razón del arte, es decir, el para qué, es una razón insatisfecha. Considera que la función del arte hoy es: no dejarse reducir a una sola función, ni siquiera a unas cuantas, su función es esa, o sea, el no dejarse encasillar en funciones. “Puede compensarlas, igual que puede hacer lo contrario o incluso puede crear nuevas necesidades” (Vilar, 2000; 31) sin satisfacer nada. De este modo, no podemos dilucidar con claridad la función del arte. Escapa a todas ellas y por lo tanto, provoca un mayor desorden.

¿Quizás sea esa su función?

“El arte es anarquista” (Vilar, 2000; 31), porque “no busca el mero entretenimiento ni es una pura mercancía de consumo en el creciente mercado del ocio” (Vilar, 2000; 31) sino que crea discrepancia, incertidumbre y desorden, pero no en su sentido negativo, sino en “abrirnos a lo nuevo, a las ilimitadas posibilidades de creación de sentido: a formar, reformar y transformar nuestro mundo” (Vilar, 2000; 31) y nuestra propia existencia en él. Altera y desestabiliza nuestros esquemas establecidos, y como consecuencia, nos lleva a preguntarnos en torno a ello, posibilitando otro/s mirar/es y otro/s pensar/es, dentro de una sociedad que muta y se transforma continuamente. Para hondar en torno a la propuesta de Vilar, tomaré como ejemplo la obra “Lost Horizon I” (“Horizonte perdido I”, 2008) de Antony Gormley (1950). Esta instalación con 24 figuras orientadas hacia puntos distintos en cada pared, suelo y techo viene a provocarnos una fuerte desestabilización. Nos desorienta y desorganiza nuestra posición frente al espacio. No sabemos hacia dónde mirar o cómo mirar. Zarandea y desanestesia nuestra estado de certeza, llevándonos a una posición de interrogación: ¿Dónde estamos paradxs en cuanto a nuestra existencia? ¿Los seres humanos reflexionamos en torno a nuestra indefinición que muta permanentemente? Esta nueva situación crea en nosotrxs la necesidad de la autorreflexión. Retomando a Vilar, quizás el arte “nos hace más humanos sin compensar necesariamente nada. Más humanos en el sentido que modifica, altera y renueva nuestra dúctil e indefinida naturaleza” (Vilar, 2000; 32).

Conclusión

De este modo, a través de la revisión de una teoría funcionalista, en vista de la tesis de Vilar, podemos afirmar que el arte existe, pero no necesariamente para satisfacer o compensar una necesidad o carencia. Al contrario, su razón es insatisfecha, no dejándose encasillar en funciones, provocando una mayor entropía estética en lxs sujetos, que a su vez, posibilitará una actitud y reacción positiva y reflexiva frente a la propia in-definición de la existencia humana y de una sociedad que muta constantemente

Bibliografía

° Apuntes de catedra La Tesis de Gerard Vilar. Capitulo II: El invierno de nuestro descontento. La razón insatisfecha como arte. Cátedra: Teoría General del Arte. Responsable Prof. Norma Antonia Juárez. Licenciatura en Artes Visuales. Facultad de Artes, 2020.

° Vilar, Gerard. El desorden estético. Barcelona: Idea Books, 2000.

Instalación “Lost Horizon I”. Planta Baja de Galeria de Arte White Cube Mason's Yard, Londres, Inglaterra, 2008.

Instalación “Lost Horizon I”.

Planta Baja de Galeria de Arte White Cube Mason's Yard, Londres, Inglaterra, 2008.

*
Raúl Esteban Gomez: Alumno avanzado de la carrera Licenciatura en Artes Visuales. Tutor Estudiantil LAV/LAP. Facultad de Artes Universidad Nacional de Tucumán. Argentina.