DAR VOLTA POR CIMA*
diciembre 21, 2020
Fachada Universidad Colombia.
Una experiencia de movilidad estudiantil en las Universidades Santo Tomás y Pedagógica Nacional de Colombia.
diciembre 21, 2020
 

ENTREVISTA A PABLO IVAN RIOS

Facultad de Artes U.N.T. Dir. Licenciatura en Artes Visuales/Plásticas: Perf. A/C Norma Juárez. normajuarez05@yahoo.com.ar


EN DIALOGO CON PABLO


N. J.: Defínete mediante hashtags

PABLO:#artista #pintor #comic #ficción #aventura

N. J.:¿Cómo comenzaste en el mundo del arte?

PABLO:Comencé el día que descubrí que podía dibujar en los charcos que dejaba la lluvia en el fondo de la casa de mi abuela en Villa Luján. El agua era clara y el fondo arcilloso permitía que trazara líneas y jugara imaginando mil historias. Ni sabía escribir. A los pocos años gané un premio pintando sobre la calle en ese mismo barrio. De ahí en más no hubo caso. Mi padre fue resignándose al ver que “perdía” a su hijo. Contrariamente yo me sentía orgulloso y sentía que algo me iba empujando a mi destino.

N. J.:Parece ser, entonces, que tu inicio en el mundo del arte fue ¿Mera casualidad u obra de “(…) esa mano inmensa que te empuja todo el tiempo (…)”? ¿Y si la respuesta es “esa mano…” con que color la definirías?

PABLO:Siento que es púrpura… con algo de azul…violeta…anda en esa gama y simplemente no lo sé. Hay muchas cosas de las que solamente tengo sospechas y ésta es una ellas. A esta altura he dejado de cuestionarme cosas y pensar tanto y he comenzado a aceptar que mi vida ocurre así… medio por intuición y la otra mitad por corazonada.

N. J.:En alguna entrevista por algún medio comentaste “(…) mis recuerdos de la infancia son en blanco y negro (…)” ¿será por ello tanta afinidad con el dibujo?

PABLO:Quizás los días eran realmente grises o eran transmitidos en blanco y negro de la misma manera que transmitía canal 10 en ese momento. Lo cierto es que mi padre me compraba cuanta revista de historietas latiera en el kiosco porque tenía una obstinada preocupación de que yo escribiera bien. El confuso resultado derivó en una imaginería y una inclinación al dibujo del cual ya no hubo regreso. Yo amaba a los dibujantes de historietas, de hecho, ese amor no ha cambiado. Las líneas, los rasgos el contraste con el papel blanco, las aventuras, los textos, las naves espaciales, los guerreros sumerios, los chistes…todo me absorbió. Por una situación que considero lógica me devoraron las películas del cine.

N. J.:Indudablemente ese amor no parece haber cambiado. De tus obras brotan unas piezas un tanto extrañas entre carrilangas y naves espaciales que parecen transcurrir en un espacio “sin tiempo”; mezcla de comics con escenas de un Tucumán en el que sus fotos aún eran en blanco y negro, así como nuestro famoso canal 10.Por mera casualidad, diría, me entere que disfrutas de los autos antiguos y que tienes una carrilanga y una camioneta Chevrolet guau mil veces guau¡¡¡ ¿Testigos mudos de algún desfasaje temporal? ¿De dónde surge tanta pregnancia con las carrilangas?

PABLO:Me gusta sembrar terror y usar vehículos masculinos.

N. J.:Avanzando un poco en el tiempo y deteniéndonos en aquella época en la que eras estudiante de la Licenciatura en Artes Plásticas ¿A tu criterio que te aportaron los derroteros de las revistas La Pindonga y Papalú y los cumpas como Walter Viltre y Sejo (José María Delgado) aquellos días en que transitabas por la Facultad de Artes de la UNT?

PABLO:Llevar a cabo esos proyectos fue un enorme ejercicio de liberaciones y desestabilizaciones. Con Walter iniciamos un proyecto siendo alumnos en la facultad mediante el cual podíamos decir, criticar, burlarnos, divertirnos y poner a la luz un montón de cosas que nos gustaban y que en ese momento eran “institucionalmente”, como para decirlo de algún modo, impresentables. “Ese era el alma de La Pindonga.” Inventamos una manera de decir, invitamos a alumnos ignotos a los que nadie daba un ápice de bolilla a hacer una historieta o un texto, dábamos lugar destacado a maravillas desplazadas por la sociedad e imprimíamos nuestra revista usando como tapas de ellas las cajas de vino que se tomaba Walter. El resultado fue una mezcla under de extrañísimas situaciones límites. Las autoridades de la facultad comenzaron a comprarla y ahí nos dimos cuenta que tal vez nos estábamos aburguesando y apretamos aún más nuestras tuercas. Amamos esa experiencia. Papalú fue otra cosa. Era el sueño que teníamos con Sejo desde niños (nos conocemos desde jardín de infantes en la Normal [Escuela Normal ´Juan Bautista Alberdi`. S.M.Tucuman.] y siempre quisimos hacer nuestra propia revista de historietas). Papalú era desenfrenada, sin filtro y con una crítica a nuestra sociedad que tenía como punto de partida el burlarnos de nosotros mismos, de nuestra sexualidad, de nuestra hombría de bien, de nuestra fe, de nuestra moral y a partir de eso construir un maremoto de situaciones basadas en hechos reales que ayuden a descomprimir las microtragedias de todos los días. Comenzaron a escribirnos artistas de todos lados. Querían publicar en la revista. Se volvió tan popular que tuvimos que buscar la forma de distribuirla en toda la provincia primero, en provincias del NOA y luego en Baires. Hicimos casi 40 números y paramos. Lo hicimos porque Sejo se convirtió en el maestro del comic que es hoy y porque yo soy pintor.

N. J.:Hablando un poco de tu mundo; ese mundo que se me proyecta desde tus ventanas de colores y digo: en tus obras percibo una convivencia entre entornos reales con muchos virtuales que desdibujan sus bordes constantemente; fluctuaciones entre comics a lo Roy Lichtenstein con guiños de ciencia ficción tucumanizadas. ¿Cómo definirías tu imaginario de donde fluyen las ocurrencias para tus obras?

PABLO:El sitio donde danzan esas cosas es un escenario en constante movimiento. Mi cabeza es un remolino de imágenes y recuerdos. Soy muy distraído. Escucho una palabra y de pronto recuerdo algo y eso se conecta con otra cosa y así voy, un desastre. A veces hablo de una cosa y termino hablando de otra y necesito hacer un esfuerzo para regresar. Así pinto. Tengo una media docena de series que asisto constantemente y se van mezclando y van cambiando con el tiempo. Estoy perdido pero me encanta seguir, no tengo la menor idea de dónde voy a llegar.

N. J.:Interesante expresión ´perderse, perdido`…tal vez sea un síntoma que camufla un supuesto “anestesie” frente a tu entorno pero que en realidad es ficticio como esos comics que tanto admiras…Disfrutando de algunas de tus producciones observo a un Pablo que se detiene, casi con la frescura de un niño, en cada cosa que al grueso de la gente le son indiferentes. Tu “mochila” no parece ser pesada pero no por ello deja de decir; la intensidad de tus pinturas nos tira a un abismo perdiendo el temor al juego y en buena hora porque como sostuvo Albert Camus “(es) estúpido quien teme gozar (…)” y en relación a ello dinos ¿Qué esperas del espectador de tus obras?

PABLO:En honor a la verdad trabajo para un espectador perfecto y sé que no existe, aunque muchas veces he sido sorprendido. Y en realidad espero que disfrute del placer de poder dejarse llevar porque en realidad no hay ninguna verdad absoluta en mis obras, ni sentencias, ni ley irrebatible. Deseo que mi obra sea un disparador y no un punto de llegada. La gente viene a mi taller y se pone inquietamente feliz o encendida. Yo generalmente me callo y dejo que hagan lo que quieran, a menos que me quieran agarrar alguno de mis juguetes. De ahí en más sale todo de ellos y el que se deja llevar soy yo en sus palabras.

N. J.:Basándote en tu experiencia de proyección internacional ¿qué crees que deberíamos aportar y erradicar en la práctica artística contemporánea?

PABLO:Lo que necesitamos erradicar es la aberrante hostilidad de intentar segar lo que consideramos no válido. Ahí incubamos lo peor de nosotros mismos, en ese caldo se cocinaron las peores manifestaciones de la humanidad a lo largo de nuestra historia.

N. J.:Cada vez que escucho tu nombre viene a mi mente aquel tronco de árbol de la calle Corrientes y Maipú (S.M. Tucumán) donde por las noches regresando de la facultad de artes era asaltada por ese gigante rojo sobre, creo, dos ruedas; a decir verdad, nunca pude distinguirlo totalmente porque estaba entregado a cierta penumbra que fortalecía mi disfrute. Cuéntanos ¿Cómo fue la experiencia de pintar en la urbanidad tucumana y en una superficie que no te garantizaba la perdurabilidad de la obra?

PABLO:Pomposamente feliz. Me lo propuso Jero Sáenz Landaburu (hoy coordina de la Casa Belgraniana) y era un proyecto de poner arte en las calles. Trabajamos en un árbol en Corrientes y Maipú. Fue un grupo de ingenieros agrónomos y verificaron que el arbolito estuviera bye bye y lo preparé. Armé un paño con una pintura. Pinté el tronco. Lo hice de madrugada. No duró ni 48 horas. Se lo robaron. Jero estaba desconsolado. Yo lo volví a hacer. Lo hice con alegría. Y se lo volvieron a robar. Jero estaba abatido. Le expliqué que era el riesgo de hacerlo en la calle porque en la calle vale todo y las cosas son de quien las encuentra, o se maravilla, o se arriesga, o las roba. Yo estaba feliz porque sé que un artista va bien si no pasa desapercibido y si alguien se toma el trabajo de hacer un esfuerzo titánico (porque había que poner mucho esfuerzo para sacar la pintura de ese árbol) para llevarse algo así es porque valía la pena. Luego hicimos otro en el Parque Avellaneda y ocurrió lo mismo. ¡Viva el arte!

N. J.:Creo muy interesante tu reflexión sobre la circulación del arte y esta iniciativa de acercar el arte a la comunidad; sería muy bueno reflotar esa iniciativa….Dejando de circular por las calles de Tuculandia y pasando a circular por el ciber-espacio hoy en día las redes sociales parecen ser el escenario y vidriera de todo; la fluctuación constante a una velocidad impensada demarca el perfil de lo que acontece allí ¿tienes proyectos artísticos para las redes? De ser así cuéntanos.

PABLO:En realidad muestro mis cosas por las redes. Es una parte importantísima de mi labor. Es un lugar donde podés decir y difundir tu trabajo de una manera casi ideal en cuanto a las resoluciones visuales que uno siempre anhela. Además, hay un ida y vuelta con la gente que comenta y ahí aparecen una serie de resultados que van más allá de la imaginación y esa sensación vertiginosa es encantadora.

N. J.:Últimamente estuve visitándote por tu Facebook y te leí “(…) Entré a una casa y había una inmensa pintura mía. Una persona, de las tantas que hablaban, dijo: quien pintó eso debe tener un océano de soledades dentro. Quisiera conocerlo. Yo también. (…)”[12 de octubre 2020 a las 21:24 ] #moon #destino #azuldeprusia #eres #tú. Pregunto ¿Será que realmente no nos conocemos? O ¿Sera que nos conocemos tanto que, tal vez, nos convenga negar la capacidad de reconocernos? ¿En esta era de la postverdad y de la postglobalidad tu qué crees?

PABLO:Es un millón de preguntas en una sola. No puedo hablar por los demás. Sé lo problemático y disperso que soy y que eso me trae problemas… y mi mayor turbulencia tiene que ver en no saber aún cuánto más lo seré. No sé el verdadero título de este tiempo pero si me he dado cuenta de que es más inhumano en muchas cosas que pensaba que se iban a superar con el tiempo. Pero también he observado que hay otras reacciones que hacen balanza y me maravillan.

N. J.:Hoy día, transitando este 2020 caracterizado por la “Pandemia Covid´19” en este nuestro lugar en una ciudad de una provincia de un país latinoamericano donde parece reinar la distopia ¿Cuál es tu compromiso como artista contigo mismo y con la sociedad?

PABLO:Estoy tratando constantemente de mejorar. En todo sentido. Cometo más errores que un elefante en el Bazar Yapur. Solo me queda la esperanza de mejorar y mi fe.

A los 9 días del mes de noviembre 2020. S. M. Tucumán. Argentina

Epígrafe de obras

Fig. 1:
Pablo Iván RIOS.Last Chance .Acrílico s/ tela. 85x85 cm.2018.

Fig. 2:
Pablo Iván RIOS . Una obra en un arbolito de Tuculandia.

Fig. 3:
Pablo Iván RIOS . Millones de luces. 2020.

Fig. 4:
Pablo Iván RIOS . La tormentaAcrílico s/ tela. 300x200 cm. 2019.

Referencias
Pablo Iván Ríos
(San Miguel de Tucumán, 12 de junio de 1970) Pintor, dibujante, ilustrador y guionista de cómics argentino. A los 5 años obtuvo su primera distinción. A los 11 años ganó la Medalla de Plata en el concurso internacional para niños en Hyvinkää, Finlandia. A lo largo de su trayectoria obtuvo numerosos premios en las areas de dibujo y pintura a nivel provincial y nacional. En el Salón de Bellas Artes de París, sus pinturas recibieron la Medalla de Bronce 2015​ y la Medalla de Plata en el 2016​. Por sus méritos artísticos fue nombrado Miembro Asociado de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de Francia, siendo el único argentino en ostentar tales distinciones en toda la historia de la plástica de su país. En 2018 sus pares pintores agrupados en Art Mondial lo nombraron Caballero Académico. Ha sido investido ciudadano destacado por el Municipio de su ciudad. La Honorable Legislatura de Tucumán lo ha reconocido por su trayectoria​ al igual que la Universidad Tecnológica Nacional Facultad Regional Tucumán​, entre tantas otras instituciones​. Es requerido como jurado y asesor artístico en numerosos eventos. Vive y produce su obra en su taller en San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina.