PENSAR, POETIZAR, PENSAR: MODOS DE ESCANDIR AL SER

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PENSAR, POETIZAR, PENSAR: MODOS DE ESCANDIR AL SER

César E. Juárez

Prof. Lic. Doctorando en Humanidades [Mención en Filosofía] César E. Juárez

cesarejc2005@yahoo.com.ar

Facultad de Filosofía y Letras, UNT

Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud, UNSE

Permanecen desconocidos el uno del otro, mientras se elevan sus vecinos troncos.

FRIEDRICH HÖLDERLIN

1. BITÁCORA PROBABLE

En la presente indagación –que lejos está de cualquier pretensión de exhaustividad– nos proponemos mostrar cuáles son algunos de los modos a través de los cuales Martin Heidegger (1889-1976) da cuenta de lo que llamaríamos –siguiendo a Arturo García Astrada– la “copertenencia entre pensar y poetizar” (en Heidegger, 2015: 20). Nuestra hipótesis es que en ciertos intersticios de cada una de las constelaciones de sentido conformadas por “La experiencia del pensar” (1954), “Serenidad” (1955) y “Hebel, el amigo de la casa” (1957) habita un núcleo que al tiempo que se muestra, opta asimismo por sustraerse y que bien podría homologarse con la mentada “copertenencia entre pensar y poetizar” (García Astrada, en Heidegger, 2015: 20). Y esto –como ha meditado ya hondamente Martin Heidegger en “Serenidad” (1955)– tiene que ver nada más y nada menos que con la naturaleza misma del misterio ([1955] 1966: 6). Ahora bien: si acepta dicha hipótesis de interpretación, se tendrá que admitir igualmente que el pensar de Martin Heidegger –al menos de este Martin Heidegger, el segundo o tercero (Cordua, 1999: 8)– no concederá la posibilidad –en modo alguno– de medir la filosofía desde la ciencia. Dirá a propósito de esta cuestión Adolfo Carpio: “La filosofía procede de modo muy diferente, y por ello es incomparable con la ciencia” (2015: 699). De ahí –por lo tanto– que la tematización de Martin Heidegger respecto del ser –y sus posibles modos de escandirlo desde la “copertenencia entre pensar y poetizar” (García Astrada, en Heidegger, 2015: 20)–, suponga una considerable ruptura con las postulaciones del Positivismo y del Neopositivismo del siglo XX, para los cuales –como se imaginará– la cuestión del ser es casi siempre un despropósito o un absurdo sin más.

2. ESCANDIR AL SER: ESA ES LA CUESTIÓN

Siguiendo el hilo conductor explicitado ya en el § 1, hemos organizado la siguiente tematización a través de tres parágrafos que muestran sendas posibilidades de escandir al ser: “§ 2. 1. Cuando el pensar acontece” –que hace pie en “La experiencia del pensar” (1954)–; “§ 2. 2. Cuando el y el no se conjugan” –que hace pie en “Serenidad” (1955)– y “§ 2. 3. Cuando el poetizar acontece” –que hace pie en “Hebel, el amigo de la casa” (1957)–. Detengámonos, entonces, en cada una de estas tres posibilidades.

2.1. CUANDO EL PENSAR ACONTECE

Dos cosas hay que decir –antes que nada– respecto de “La experiencia del pensar” (1954): en primer lugar, conviene recordar que si bien su publicación se lleva a cabo en 1954 –como de hecho se ha consignado–, su escritura data de 1947 (García Astrada, en Heidegger, 2015: 9); en segundo lugar, diríamos que la “copertenencia entre pensar y poetizar” (García Astrada, en Heidegger, 2015: 20) que aparece postulada ya aquí es prácticamente la misma sobre la cual Martin Heidegger volverá también –con otros matices, por cierto– en “Serenidad” (1955) y en “Hebel, el amigo de la casa” (1957).

Si hubiera que caracterizar estructuralmente la constelación que articula “La experiencia del pensar” (1954), diríamos sin duda alguna que es poética en un sentido eminente. Arturo García Astrada, por ejemplo, la caracteriza como sigue:

En una página, la de la izquierda, hay una muy breve descripción en prosa poética de un momento determinado: cuando [sic] tal cosa… [sic] En la del frente escribe lo que esa circunstancia le sugiere y lo hace en una especie de aforismos y, por lo tanto, pone en práctica un pensar poetizante o un poetizar pensante (en Heidegger, 2015: 21).

Ciertamente: lo que Arturo García Astrada señala acerca de “La experiencia del pensar” (1954), sucede sólo con diez de las doce prosas poéticas que lo integran. En otras palabras: dos de ellas prescinden de sus respectivos aforismos y son –quizá no por azar– la prosa poética de apertura y la prosa poética de cierre. Veámoslas detenidamente sobre el significativo blanco de la página y sin omitir el incierto régimen para escandir –asimismo significativo, veremos luego por qué– del que parece estar valiéndose Martin Heidegger. Dice la prosa poética de apertura:

Camino y balanceo

un atajo y un rumor dicente

se encuentran en una marcha.

Anda y asume

la ausencia y la pregunta

a lo largo de tu propio derrotero ([1954] 2015: 25).

Dice –por su parte– la prosa poética de cierre:

Los bosques acampan.

Los arroyos serpentean.

Las rocas permanecen.

La lluvia fluye.

Las campiñas esperan.

Las fuentes manan.

Los vientos habitan.

La bendición está en camino ([1954] 2015: 46).

No sería arbitrario sostener en este punto de nuestra argumentación que la prosa poética de apertura trasunta una mayor complejidad enunciativa que la prosa poética de cierre: mientras esta última se articula a partir de una enumeración de imágenes cuyo íntima y deseada finalidad es la yuxtaposición, la primera interpela al lector desde un modo imperativo que no renuncia –sin embargo– a los modos propios de lo meditativo: “Anda y asume / la ausencia y la pregunta / a lo largo de tu propio derrotero” ([1954] 2015: 25). Por todo lo dicho, oído y visto hasta aquí no se entiende del todo por qué Arturo García Astrada se vale de la categoría de “prosa poética” (en Heidegger, 2015: 21), en lugar de hablar –sin más– de poesía. Dicho de otra manera: sólo la poesía –y no la prosa poética– puede escandirse en el espacio como lo hace Martin Heidegger en “La experiencia del pensar” (1954). De ahí –en consecuencia– que pidiéramos especial atención ante las modalidades y torsiones propias de semejante discursividad.

En cuanto a los intersticios donde se explicita o asoma la “copertenencia entre pensar y poetizar” (García Astrada, en Heidegger, 2015: 20) diríase que en “La experiencia del pensar” (1954) hay una constelación conformada por cinco poemas y sus respectivos aforismos-poemas que transcribimos y comentamos a continuación –apenas desde una selección de pasajes–, y según su estricto orden de aparición:

Llegamos demasiado tarde para los dioses

Y muy temprano para el Ser [sic], cuyo iniciado poema es el hombre ([1954] 2015: 27).

Hay en este aforismo-poema –evidentemente– una postulación de índole poética donde se enuncia metafóricamente –desde un lenguaje figurado– que el hombre es el poema del “Ser” [sic] ([1954] 2015: 27).

En una dirección distinta –y al mismo tiempo multívoca– nos conduce el siguiente aforismo-poema:

Sólo la forma permite la mirada

pero la forma descansa en el poema ([1954] 2015: 33).

Bien podría preguntarse: ¿La “forma” (2015: 33) es el lenguaje? ¿La “forma” ([1954] 2015: 33) es la lingüisticidad que opera como condición de posibilidad del poema? Ya como un peligro feliz aparece el poeta en un pasaje del tercer poema-aforismo que hemos identificado en esta constelación que nos ocupa. Leemos entonces:

Tres peligros amenazan al pensar.

El bueno y, por eso, peligro salvador es la vecindad del poeta cantor ([1954] 2015: 35).

En efecto: Martin Heidegger tematiza líricamente aquí la vecindad del pensar con un peligro feliz; se trata, sin más, del poeta.

Del mismo modo se despliega en la página de la derecha el cuarto aforismo-poema que citamos –se verá luego por qué– íntegramente:

El carácter poético del pensar aún velado.

Donde se muestra parece, por largo tiempo,

la utopía de un entendimiento semipoético.

Pero el poetizar pensante es, en verdad, la topología del Ser [sic].

Le dice a éste la localización de su esencia ([1954] 2015: 43).

No es poco lo que este aforismo-poema abre; señalemos sólo algunas cuestiones teniendo en cuenta las dos instancias líricas que lo constituyen: por un lado, la que hace al pensar-poetizante; y, por otro, la que hace el poetizar-pensante. En cuanto al pensar-poetizante quisiéramos destacar lo que sigue: 1] Es el pensar no totalmente explicitado el que deviene poético; y 2] La posibilidad de un “entendimiento semipoético” ([1954] 2015: 43) supone aquel pensar no totalmente explicitado. A propósito del poetizar-pensante hay asimismo dos cuestiones de eminente relevancia que no se pueden omitir: 1] El poetizar-pensante instaura una topología posible del “Ser” [sic] ([1954] 2015: 43); y 2] El poetizar-pensante señala al “Ser” [sic] ([1954] 2015: 43) su localización propia. Adviértase a lo largo de todo este aforismo-poema lo que es capaz de hacer la retórica: tanto el poetizar-pensante, como el “Ser” [sic] ([1954] 2015: 43) aparecen desde sendas prosopopeyas. Dicho más llanamente: el poetizar-pensante y el “Ser” [sic] ([1954] 2015: 43) entablan un diálogo a través de una evidente atribución retórica de características humanas.

Cantar y pensar son los troncos vecinos del poetizar.

Nacen del Ser [sic] y alcanzan su verdad.

Su relación hace pensar lo que Hölderlin canta de los árboles del bosque:

“Permanecen desconocidos el uno del otro,

mientras se elevan sus vecinos troncos” [sic] ([1954) 2015: 45).

Es innegable: son los versos de Friedrich Hölderlin (1770-1843) los que inspiran la articulación enunciativa –lírica, al fin y al cabo– del aforismo-poema de Martin Heidegger: cantar, pensar y poetizar nacen del “Ser” [sic] ([1954] 2015: 45) y muestran consecuentemente su verdad.

2. 2. CUANDO EL Y EL NO DE CONJUGAN

“Serenidad” (1955) –el otro opúsculo que ahora nos interesa– es un discurso que Martin Heidegger pronuncia en Messkirch –su ciudad natal– con el propósito de conmemorar a Conradin Kreutzer (1780-1849). Es aquí –precisamente– donde se establece una distinción que hace a dos posibilidades del pensar: 1] El “pensar calculador” ([1955] 1969: 2) y 2] La “reflexión meditativa” ([1955] 1969: 2). Ahora bien: ¿Qué es lo que caracteriza a cada una de estas posibilidades del pensar? Mientras el “pensar calculador” ([1955] 1969: 2) cuenta siempre con ciertas circunstancias –los resultados, por ejemplo, de una investigación–, la “reflexión meditativa” ([1955] 1969: 2) se detiene una y otra vez en “el sentido que impera en todo lo que es” ([1955] 1969: 2). Hay que dejar explicitado aquí que –para Martin Heidegger– ambas posibilidades del pensar son necesarias: tanto el “pensar calculador” ([1955] 1969: 2) como la “reflexión meditativa” ([1955] 1969: 2) remiten a aquella capacidad de pensar que se manifiesta como propiamente humana, y que permanece en barbecho en la carencia de pensamiento que campea desde luego en nuestra época. De ahí –pues– la cita de Johan Peter Hebel (1760-1826) que el pensador alemán trae a colación: “Queramos confesarlo o no, somos plantas que, con las raíces en el suelo, deben salir de la tierra para poder florecer y dar frutos en el éter” ([1955] 1969: 3). Comenta Martin Heidegger estas líneas en los siguientes términos:

El poeta [Johan Peter Hebel] quiere decir: donde ha de desarrollarse de modo acabado una obra humana verdaderamente fausta y saludable, el hombre tiene que poder alzarse desde la profundidad del suelo patrio hacia el éter. “Éter” significa aquí el aire libre del alto cielo, la abierta región del espíritu ([1955] 1969: 3).

Dicho de otra manera: la región del espíritu supone el arraigo; arraigo que –por cierto– no sólo han perdido muchos de los alemanes exiliados, sino también aquellos que no se han movido un ápice de su patria, pero permanecen alienados por obra de la cultura de masas –radio, televisión, cine o revistas ([1955] 1969: 3)–. ¿Qué es entonces lo que sucede en nuestra época? Desde el punto de vista de Martin Heidegger:

se halla en marcha una transmutación […] de todas las ideas rectoras. En virtud de ello se lo transfiere al hombre a una realidad diferente. Esta revolución radical de la visión del mundo se consuma en la filosofía moderna. De aquí resulta una posición completamente nueva del hombre en el mundo y respecto del mundo. Ahora el mundo aparece como un objeto sobre el que inicia sus ataques el pensar calculador, ataques que ya no podrá resistir. La naturaleza se convierte en una única y gigantesca “estación de servicio”, en fuente de energía de la técnica y la industria modernas. Esta relación fundamentalmente técnica del hombre respecto del universo surgió primero en el siglo XVII y en Europa y sólo en Europa. Durante largo tiempo el resto del globo la desconoció. Les fue totalmente ajena a las anteriores épocas y al destino de sus pueblos ([1955] 1969: 4).

Por supuesto: hay aquí una genealogía del “pensar calculador” ([1955] 1969: 2) que merece toda nuestra atención. Decimos esto ya que es en este contexto –y no en otro– donde se hace necesaria la serenidad. Dirá entonces Martin Heidegger al respecto:

Dejemos que los objetos técnicos penetren en nuestro mundo diario y al mismo tiempo los dejemos fuera, es decir, los dejemos estar como cosas que no son nada absoluto, sino que quedan referidas a algo superior. Quisiera denominar esta actitud de simultáneo “sí” y “no” referida al mundo técnico con una vieja palabra: la serenidad respecto de las cosas [sic] ([1955] 1969: 6).

En suma: “sí” y “no” se conjugan y configuran la “serenidad respecto de las cosas” [sic] ([1955] 1969: 6). Para Martin Heidegger hay –asimismo– un sentido inherente a los procesos técnicos que requiere algún tipo de elucidación. Este sentido –que se manifiesta y oculta simultáneamente– constituye el misterio en sí mismo, y sólo la “reflexión meditativa” ([1955] 1969: 2) está en condiciones de propiciar la necesaria “apertura al misterio” [sic] ([1955] 1969: 5).

2. 3. CUANDO EL POETIZAR ACONTECE

Johann Peter Hebel (1760-1826) es el poeta al cual se conmemora en “Hebel, el amigo de la casa” (1957) desde las posibilidades que abre un recurso eminentemente filosófico: la pregunta. Y esta no es otra que la siguiente: “¿Quién es Johan Peter Hebel?” ([1957] 2015: 59). Martin Heidegger lleva aquí hasta las últimas consecuencias –y esto no puede extrañar en un pensador axial para la Antropología Filosófica– la pregunta que él mismo acoge para abrir su meditación. Y con esto pretendemos decir que una respuesta cabal a esta pregunta no podrá apelar a una mera recolección de datos biográficos y bibliográficos. Es por esta razón que Martin Heidegger intentará responder a la pregunta a través de distintas aproximaciones que adoptan una y otra vez la forma de ensayos en espiral.

Antes de seguir ahondando en “Hebel, el amigo de la casa” (1957), hay que decir –por cierto– que este opúsculo comparte con “La experiencia del pensar” (1954) y “Serenidad” (1955) distintas cuestiones; las siguientes, por ejemplo: 1] La vecindad entre pensar y poetizar o entre poetizar y pensar; 2] La cuestión ontológica por excelencia: el ser; y 3] La distinción explícita o implícita entre un pensar calculador y un pensar meditativo.

Según Martin Heidegger, el espíritu de un auténtico lenguaje custodia al menos cuatro relaciones fundamentales en su seno: 1] Con Dios; 2] Con el mundo; 3] Con los hombres; y 4] Con las obras ([1957] 2015: 61). Es dentro de este planteo del pensador alemán que Johann Peter Hebel aparece como un poeta no puramente dialectal –aunque parte de un dialecto–, sino como un poeta universal. Sostiene Martin Heidegger a propósito: “El dialecto es la misteriosa fuente de todo lenguaje que crece orgánicamente” ([1957] 2015: 60).

Pero volvamos a la pregunta que abre la meditación: “¿Quién es Johann Peter Hebel?” ([1957] 2015: 59). Responderá entonces Martin Heidegger: “Johann Peter Hebel es el amigo de la casa” [sic] ([1957] 2015: 61). Ahora bien: ¿De dónde sale semejante respuesta? Lo que inspira y sugiere a Martin Heidegger esta respuesta es la expresión “amigo de la casa” [sic] ([1957] 2015: 62) que el mismo Johann Peter Hebel encuentra cuando se le encarga un calendario destinado a la zona alemana de Badén. Desde la interpretación que trata de establecer Martin Heidegger, la expresión “amigo de la casa” [sic] ([1957] 2015: 62) nombra la “vocación poética” ([1957] 2015: 62) de Johann Peter Hebel; o –si se quiere otra formulación de lo mismo– “señala el rasgo fundamental de la misión poética de Hebel” ([1957] 2015: 63). La argumentación de Martin Heidegger sigue de aquí en adelante distintas transiciones que lo llevan a postular que –en rigor– el “amigo de la casa” ([1957] 2015: 71) es el poeta. Leemos entonces:

El poeta reúne el mundo en un decir cuya palabra es un brillar suavemente contenido en el cual el mundo aparece como si fuera visto por primera vez. El amigo de la casa no quiere únicamente ni enseñar, ni educar. Él deja al lector en libertad para que éste desde sí mismo logre ese afecto por lo real, ante lo cual el amigo de la casa se inclina para hablar con nosotros ([1957] 2015: 71).

Lejos estamos de la argumentación de un Platón, sobre todo del Platón del Ión o de República. Las consideraciones de Martin Heidegger muestran que entre poetizar y pensar o entre pensar y poetizar no hay únicamente vecindad, sino una copertenencia que reclama una atención morosa. No deja de conmover el final de “Hebel, el amigo de la casa” (1957). Se citan también aquí aquellas palabras de Johann Peter Hebel que aparecían ya en “Serenidad” (1955): “Nosotros somos plantas que –lo confesemos con gusto o no– con las raíces debemos ascender desde la tierra, para poder florecer en el éter y dar frutos” ([1957] 2015: 79). Luego de desplegar distintas connotaciones que hacen a los términos tierra y éter, medita Martin Heidegger en un aforismo-poema análogo a los de “La experiencia del pensar” (1954): “Pero el lenguaje es el camino entre la profundidad de lo plenamente sensible y la altura de más atrevido espíritu” [sic] ([1957] 2015: 79). ¿Hay acaso ejemplo más elocuente de cuáles son los alcances de la copertenencia entre pensar y poetizar o entre poetizar y pensar?

3. DE LA VECINDAD ADVERTIDA Y ASUMIDA

Una vez que se han mostrado las secretas afinidades entre “La experiencia del pensar” (1954), “Serenidad” (1955) y “Hebel, el amigo de la casa” (1957) no queda más que asumir que la vecindad entre pensar y poetizar o entre poetizar y pensar es capaz de devenir copertenencia entre pensar y poetizar o entre poetizar y pensar.

Junio 2020

4. BIBLIOGRÁFIA

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Fig. 1: Excursion into Philosophy. 1959. Edward Hopper (1882-1967).