La Creación Coreográfica y la Música

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La Creación Coreográfica y la Música

Prof. Claudio Aprile

La relación entre la música y la danza ha sido muy estrecha desde tiempos remotos.

Estas artes siempre han tenido una relación muy cercana a lo largo de los siglos y se han venido sirviendo mutuamente a lo largo de la historia.A pesar de esto, durante el siglo XX muchos coreógrafos simpatizaron con la idea de independizar totalmente la música de la danza.El planteo que hacían estos creadores del arte coreográfico era que la danza durante siglos venía siendo un arte esclavo de la música. Sin embargo esto no siempre fue así.

Si hacemos un poco de historia y nos retrotraemos a la Rusia Imperial del siglo XIX donde el arte de la danza prosperó enormemente, en realidad era la música la que estaba al servicio de la danza y se ajustaba a sus necesidades y no al revés. Es por esta razón que en aquel período prosperaron los compositores que se denominaron “artesanales” porque componían partituras que se ajustaban a las ajustadas solicitudes que los coreógrafos y el director de los Teatros Imperiales les presentaban. Los requerimientos que los coreógrafos de la Rusia Imperial hacían dejaban estrechos márgenes de creación a los compositores en la mayoría de las veces. Es Tchaikovsky quién puede liberarse de algún modo de las ataduras que la danza le imponía a la música creando partituras más “sinfónicas” para sus tres famosos ballets – El Lago de los Cisnes, El Cascanueces y La Bella Durmiente del Bosque – , siendo éste una excepción a la regla que se imponía por aquel entonces.

A pesar de todas estas situaciones que describimos–y de otras más que no mencionaremos ahora en este artículo–en el mundo de la danza durante el siglo XX se extendió la idea de “liberar” a la danza de las ataduras de la músicacomo si siempre esto hubiera sido así. Bajo esta falsa premisa muchos coreógrafos trabajaron empleando música en sus obras pero buscando no ensamblar estas dos artes sino más bien utilizar la música como un telón de fondo y/o como marco de la coreografía. Otra situación que se dio también fue la de trabajar a “contrapelo” de la música. La música por un lado hace su parte y la danza hace la suya por otra parte distinta. Esto provoca siempre una suerte de “dolor de oídos” en el espectador y es también muy engorroso de bailar para aquellos bailarines que tienen la suerte de poseer un buen oído musical. Es digno aclarar que no fueron pocos los coreógrafos famosos que no siguieron esta tendencia sino que trabajaron con la música y junto a la música sin plantear una “esclavitud” de un arte hacia otro, consiguiendo magníficos resultados.

Es digno mencionar aquí que curiosamente, debajo de la premisa de “liberar a la danza de la música”, muchos coreógrafos y maestros de danza de dudosa formación escondieron su falta de habilidad, su escasa o nula formación musical, su desconocimiento e ignorancia y su imposibilidad de trabajar con el apoyo de la música, “liberándose” de la necesidad de formarse mejor al respecto y no precisamente liberando la danza de la música.

La idea de relacionar artes de manera estrecha dio frutos extraordinarios a lo largo de la historia y representa un enorme reto para los creadores que desean andar por esos caminos. Franz Schubert tomó ese rumbo en los albores del romanticismo musical y desarrolló el Lied romántico de tal forma que sus obras encarnan una de las cumbres musicales de ese período. La relación tan estrecha que existe en el Lied romántico entre poesía y música, sin que un arte esclavice o avasalle al otro, hace de escuchar estas piezas una experiencia extraordinaria y única.

Hacia finales del siglo XIX Richard Wagner plantea su “Gesamtkunstwerk” en sus óperas, en donde varias artes confluyen entrelazadas: música, danza, teatro, poesía, artes plásticas, etc. creando la “obra de arte total” que él desea alcanzar. Su idea transformadora es tomada por muchos famosos creadores del siglo XX y nos llega hasta nuestros días. Muchos reconocidos coreógrafos como Maurice Béjart, George Balanchine, JiriKylián, John Cranko, y Kenneth McMillan, entre muchos otros, trabajaron en muchas de sus obras siguiendo el camino marcado por Wagner hace más de cien años.

Cuando las artes se unen sin esclavizar una a la otra y trabajan juntas en comunión la obra resultante se potencia enormemente y alcanza cumbres insospechadas. Es una ruta y un trabajo que vale la pena transitar y realizar, pero hay que formarse mucho para poder andar ese viaje. Es por eso que muchos “grandes” han optado por hacerlo. Ese arduo camino trae muchas satisfacciones porque nadie pierde y todos ganan; gana cada arte de manera individual, gana el artista y creador y, sobretodo, gana el público que asiste a ver el espectáculo que alcanza niveles inusitados al entrar en comunión estrecha con varias manifestaciones artísticas de manera simultánea.