Una Mirada al Desarrollo de la Danza Académica Durante los S. XX y XXI

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Una Mirada al Desarrollo de la Danza Académica Durante los S. XX y XXI

Prof. Claudio Aprile

Al hablar de danza clásica algunas personas suelen creer – pensando en forma bastante peculiar– que se trata de una técnica de danza que tuvo su auge y desarrollo en el siglo XIX y que de alguna manera perdió incidencia en la actualidad. Creen a su vez – seguramente por falta de información y conocimiento – que las obras coreográficas desarrolladas bajoesta técnica, como “El Lago de los Cisnes” o “El Cascanueces” por mencionar sólo dos,son parte del pasado. Suele pensarse además – y de forma bastante equivocada – que las coreografías creadas durante el siglo XIX son piezas que no han sufrido ninguna modificación con el transcurrir del tiempo y que aun cuando se las repone se trata de respetar hasta en los más mínimos detalles todo lo que sus coreógrafos originales crearon hace más de cien años. Nada está más errado y equivocado que todas estas creencias que por alguna razón u otra se han venido manifestando paulatinamente entre los neófitos e inclusive entre muchos artistas de diferentes disciplinas.

La danza, de alguna manera mal llamada Danza Clásica, se fue desarrollando desde el Renacimiento y el Barroco tomando elementos preexistentes de las danzas medievales y conformándose con los aportes de innumerables maestros a lo largo de todo ese tiempo, como de hecho lo sigue haciendo actualmente. Aquellos maestros se sirvieron siempre de los aportes de las danzas populares y de cualquier otro tipo de danza estilizándolos para llevarlos luego a la corte o a los diferentes escenarios que era dónde se requería su labor.

De esta manera la danza clásica se comportó como una suerte de “esponja” que siempre absorbió – y aún lo sigue haciendo – todo tipo de danzas que la rodean. Se sirvió de las danzas populares de las calles de los pueblos y las aldeas y de las danzas campesinas de las diferentes regiones europeas durante siglos,y a partir del siglo XIX también se nutrió de danzas de Oriente medio y del lejano Oriente, expandiendo así sus horizontes. También fue absorbiendo además diferentes elementos y estructuras de las otras artes como la música, la pintura y la escultura.

Durante el siglo XX la técnica de la danza clásica fue desarrollando una evolución sumamente importante y provechosa tanto en su metodología de entrenamiento corporal como en las obras coreográficas creadas con esta técnica. Un ejemplo de ello es la coreografía que sobre el oratorio “El Mesías” de G. F. Haendel creó Mauricio Wainrot – uno de los más reconocidos coreógrafos argentinos de la actualidad – obra que subió a escena muy recientemente en el Teatro San Martín de Tucumán con el Ballet Estable y el Ballet Contemporáneo de la Provincia junto a la Orquesta y Coro Estables. Esta obra de Wainrot, como muchas otras de este coreógrafo, hace un tratamiento muy actual de la técnica de la danza clásica utilizándola como base fundamental para su obra y fusionándola con otras técnicas, tal como lo vinieron haciendo durante el siglo XX famosos coreógrafos como Béjart o McMillan, por mencionar a sólo dos de ellos.

La fusión de la danza y el teatro no es nueva; es tan vieja como la Antigua Grecia. También durante el Medioevo, el Renacimiento y el Barroco se contaron historias con danza. La manera de contar estas historias danzando evolucionó de una forma peculiar en el S. XIX, asimilando la estructura de la ópera de números y comenzándose a acercar tímidamente a la estructura de la ópera Wagneriana hacia fines del siglo XIX. El concepto wagneriano de Gesamtkunstwerk fue tomando cuerpo a comienzos del siglo XX en la compañía de Les Ballets Russes de Diaghilev y se profundizó en las obras posteriores de Kenneth McMillan, John Cranko, Anthony Tudor y Maurice Béjart, por sólo mencionar algunos coreógrafos.

Ballets como “Oneguin”, “Mayerling” o “Manon”, entre tantos otros, son muestras de cómo con el lenguaje de la técnica de la danza clásica se pueden expresar personajes de complejos y oscuras psicologías, manifestar profundas ideas y contar intrincadas historias.

Pero entonces, ¿la danza clásica no llegó a agotarse con obras como “El lago de los Cisnes” y “El Cascanueces”? Por supuesto que no; todo lo contrario. Durante el siglo XX la danza clásica realizó una evolución maravillosa. Desde el punto de vista técnico tuvo desarrollo tan enorme que si comparáramos un bailarín del siglo XIX con uno del siglo XXI no podríamos más que admirarnos de los formidables y radicales cambios que se produjeron sólo en el entrenamiento físico del bailarín.

Por otra parte,estas obras tan famosas de la danza del siglo XIX como“El lago de los Cisnes , “El Cascanueces”, “La Bella Durmiente”, “El Corsario”, “El Don Quijote” o “Coppelia”, por mencionar sólo algunas,sufren constantemente modificaciones y reinterpretaciones con cada reposición que en cada parte del mundo se hace continuamente de ellas. De muchas de estas obras creadas por brillantes coreógrafos del siglo XIX como MariusPetipa, Jean Coralli y Jules Perrot, sólo se mantiene la esencia de las mismas. Estos ballets se crearon así, y bajo este concepto. Cada bailarín famoso que la bailó a lo largo de la historia adicionó o extrajo fragmentos, o suplantó un fragmento por otro sacado de otra coreografía.

Por otra parte, el gran avance de la técnica que mencionábamos en párrafos anteriores y que funcionó desde siempre como una “esponja”, absorbiendo diferentes elementos de otras danzas y otras técnicas, incluyendo las escuelas y técnicas de la danza moderna y contemporánea durante el siglo XX, hizo imposible que se mantuvieran estos ballets del siglo XIX sin que sufrieran enormes modificaciones desde el punto de vista de la técnica de la ejecución. Actualmente, con excepción de las coreografías de Auguste Bournonville (coreógrafo danés del siglo XIX), no se baila ningún ballet del siglo XIX de la manera en que fueron creados en la época de su estreno.

Si sólo comparamos el “Vals de los copos de nieve” o el “Pas de Deux” del segundo acto del ballet “El Cascanueces”bailados actualmente por el Ballet del Teatro Mariinsky de San Petersburgo con los mismos fragmentos interpretados por el Royal Ballet de Londres o por el Ballet de la Ópera de París, veremos que son tres versiones completamente diferentes. ¿Cuál es entonces la versión original creada por Marius Petipa? La respuesta es: ninguna. Todas estas grandes coreografías de famosos ballets son el producto de más de cien años de evolución y estas obras fueron marcadas por los innumerables aportes de grandes maestros y bailarines que las reinterpretaron a lo largo de toda su historia.

Por muchas razones la danza clásica está muy lejos de agotarse. No es una estructura que perteneció a otra época, cerrada y que no admite cambios. Todo lo contrario; es un lenguaje que continuamente se transforma. La danza clásica – como la lengua castellana o cualquier lengua viva – es un lenguaje que está evolucionando día a día. Es una “esponja” que absorbe todo lo que la rodea. Es un lenguaje que utiliza el cuerpo y que sirve para expresar la manera de pensar y las estéticas de cada época por la que la humanidad transcurre. Seguramente en cien años será muy distinta a la que conocemos ahora, como es distinta ahora a la que bailaba Anna Pavlova o coreografiaba Petipa.